Clonar un disco es copiar el contenido entero de una unidad en otra, bit a bit o sector a sector útil, de modo que la segunda arranque exactamente igual que la primera: mismo Windows, mismos programas, mismos ajustes, misma licencia activada, mismos documentos. No es un backup ni una instalación limpia; es una fotocopia funcional. Cuando el destino es un SSD, el objetivo casi siempre es ganar velocidad en un equipo que ya funciona sin tener que empezar de cero.
Antes de meterte con cables y programas, conviene entender qué va a hacer la herramienta por dentro. Un clonador lee la tabla de particiones del origen, replica cada partición (la de arranque EFI, la de recuperación, la de sistema y las que haya de datos) y copia los archivos. Si el SSD de destino es más pequeño que el origen pero los datos caben, redimensiona la partición principal al vuelo. Si es más grande, deja hueco al final o estira la partición hasta ocuparlo, según lo que le pidas. Y, al terminar, deja lista la partición de arranque (EFI en UEFI, activa en MBR) para que el equipo arranque del nuevo disco.
Lo que necesitas tener a mano
- El SSD de destino, con capacidad suficiente para los datos ocupados del origen (no para su tamaño total). Si vienes de un disco de 1 TB con 300 GB ocupados, un SSD de 500 GB vale.
- Una forma de conectar los dos discos a la vez. En un sobremesa suele sobrar un puerto SATA o una ranura M.2 libre. En un portátil hace falta un adaptador externo: una carcasa USB o un dock. En la sección de carcasas y adaptadores para SSD tienes el tipo de cacharro al que me refiero, uno por cada formato.
- Un programa de clonado. Los fabricantes grandes regalan el suyo cuando detectan una unidad de su marca conectada (Samsung Data Migration, Acronis True Image para Crucial o SanDisk, el de Kingston). También hay opciones generalistas como Macrium Reflect, Clonezilla o AOMEI Backupper.
- Un destornillador adecuado al equipo y, si vas a abrir un portátil, una pulsera antiestática o la costumbre de tocar antes una parte metálica sin pintura.
Comprobar que el SSD es compatible con tu equipo
Este paso te lo saltas y luego el disco no arranca o no entra siquiera en la ranura. Hay tres cosas que mirar: formato físico (2,5" SATA, M.2 2280, M.2 2230, mSATA), interfaz lógica (SATA o NVMe) y, en los M.2, qué protocolos acepta la ranura de tu placa, porque hay ranuras M.2 que solo admiten SATA, otras solo NVMe y otras los dos. En la guía sobre cómo saber qué SSD admite tu ordenador antes de comprarlo tienes el detalle de cada caso. Si el equipo es un Mac, además hay generaciones con conectores propietarios y la cosa cambia; para esos, los modelos específicos están agrupados en SSD para Mac.
Preparar el disco de origen
Antes de clonar, baja peso. Vacía la papelera, borra descargas viejas, desinstala programas que ya no uses y pasa el liberador de espacio. Cuanto menos tenga que copiar la herramienta, menos tarda y menos probabilidades hay de que falle a mitad. Pasa también una comprobación de errores de disco (chkdsk en Windows) porque un sector dañado en el origen puede dejar el clon tocado sin que te enteres hasta semanas después.
Si en el origen tienes cifrado activo (BitLocker, FileVault), desactívalo o ten a mano la clave de recuperación. Un clon de un disco cifrado hereda el cifrado y, si no sabes la contraseña o la clave, el SSD nuevo no se abre.
Haz una copia de los documentos importantes en un sitio aparte. El clonado va bien casi siempre, pero no es un backup y conviene no jugársela a una sola carta.
Conectar el SSD de destino
Enchufa el SSD nuevo al equipo. En un sobremesa, directamente a un puerto SATA o a una ranura M.2. En un portátil, por USB con una carcasa o adaptador. Enciende, entra en el administrador de discos de Windows y comprueba que el sistema lo ve. La primera vez te pedirá inicializarlo: elige GPT si el origen es GPT (lo normal en equipos con UEFI) y MBR si el origen es MBR. Esto lo ves en el administrador de discos haciendo clic con el botón derecho sobre el disco de origen, propiedades, pestaña de volúmenes. Si los estilos no coinciden, muchos clonadores lo arreglan solos; otros no, y el clon no arranca.
Clonar
Abre el programa que hayas elegido. El esquema es siempre parecido: eliges el disco de origen, eliges el de destino y confirmas que se va a borrar todo lo que haya en el destino. Comprueba dos veces cuál es cada disco por modelo y tamaño: si los inviertes, borras el disco con tus datos. Si el destino es más pequeño pero los datos caben, marca la opción de redimensionar la partición principal. Si es más grande, decide si quieres que estire la partición al final o si prefieres dejar un hueco sin asignar para crearte luego otra partición de datos.
Lanza el proceso y déjalo trabajar. Dependiendo del volumen de datos y de la interfaz (USB 3.0 es más lento que SATA interno, y SATA es más lento que NVMe), tarda entre veinte minutos y un par de horas. No uses el equipo mientras tanto para cosas pesadas: el clonador necesita el disco de origen estable.
Cambiar el arranque y probar
Terminado el clonado, apaga el equipo. Si has clonado por USB, abre y cambia físicamente los discos: el SSD nuevo donde estaba el viejo, y el viejo fuera o en la bahía secundaria. Si has clonado dentro del equipo con los dos conectados, entra en la BIOS/UEFI (Supr, F2 o F10 al arrancar, según placa) y pon el SSD nuevo como primera opción de arranque.
Arranca. Si todo ha ido bien, Windows entra como siempre, quizá tardando un poco más la primera vez porque está reconfigurando controladores. Comprueba que la licencia sigue activada, que los programas abren y que el administrador de dispositivos no muestra avisos amarillos. Si pasas de un disco mecánico a un SSD, compruébalo con fsutil behavior query DisableDeleteNotify (0 = activo) y, si sale 1, actívalo con fsutil behavior set DisableDeleteNotify 0.
¿Que no arranca? Lo más habitual es que la BIOS siga apuntando al disco viejo, que el modo de arranque esté en Legacy cuando debería ser UEFI (o al revés) o que la partición de arranque (EFI o activa en MBR) no se copiara bien. En ese orden se mira. Hay un repaso del proceso completo, con los atajos para cada marca de BIOS, en la guía sobre cómo pasar tu sistema a un SSD sin reinstalar nada.
Qué hacer con el disco viejo
Si el equipo lo permite, déjalo dentro como segunda unidad para datos: borra sus particiones de sistema y crea una nueva. Si lo sacas, mételo en una carcasa y lo usas como disco externo para copias. Y si lo vas a tirar o regalar, haz un borrado seguro antes: un formateo normal no basta.
Un par de ideas que ayudan
El SSD de destino conviene que tenga aguante parecido o mayor que el que vas a sustituir si el equipo se usa mucho; en el artículo sobre qué significan los TBW y la garantía de un SSD está explicado qué mide ese número y por qué importa más en unos usos que en otros. Y, al elegir formato, mira primero qué admite la placa: no por meter un NVMe PCIe 5.0 vas a ir más rápido si la ranura es PCIe 3.0; irá a la velocidad de la ranura.