Montar un SSD no implica empezar de cero con el ordenador. Windows, los programas, las fotos, las partidas guardadas y hasta el fondo de escritorio pueden pasar al disco nuevo tal como están, mediante un proceso que se conoce como clonación. La idea es sencilla: en lugar de instalar el sistema otra vez y copiar los archivos a mano, se copia el disco entero, con todas sus particiones, del viejo al nuevo. Cuando termina, el equipo arranca desde el SSD con todo en su sitio.
¿Por qué funciona? Porque al clonar se copian también las particiones que gestionan el arranque y la tabla que indica dónde empieza y acaba cada cosa, así que el sistema encuentra todo donde lo espera.
Qué necesitas antes de empezar
- Un SSD con espacio suficiente para tus datos (abajo verás cómo calcularlo).
- Una forma de conectarlo al equipo mientras dura la copia.
- Un programa de clonación. Windows no trae uno como tal, así que toca usar software de terceros o el del propio fabricante del SSD.
- Un rato sin prisas: el tiempo depende de la cantidad de datos y de la conexión.
Primero, mira cuánto ocupan tus datos
Aquí hay un punto que despista a mucha gente: no hace falta que el SSD sea tan grande como el disco viejo, solo que quepan los datos que realmente tienes, con algo de margen. Si tu disco duro es de 1 TB pero llevas ocupados 180 GB, un SSD de 240 o 256 GB puede valerte. Para comprobarlo, abre el Explorador de archivos, haz clic con el botón derecho sobre la unidad C: y entra en Propiedades: ahí verás el espacio usado. Si tienes más unidades en el mismo disco, súmalas.
Si los números no cuadran, toca adelgazar antes de clonar: desinstala juegos y programas que ya no usas, vacía la papelera y pasa las colecciones de vídeos o fotos a un disco externo. Cuantos menos datos haya que copiar, antes termina el proceso. Y si todavía estás eligiendo unidad, en el catálogo de discos SSD puedes comparar capacidades y formatos.
Cómo conectar el SSD al equipo
En un ordenador de sobremesa suele ser lo más fácil: abre la caja, localiza un puerto SATA libre en la placa y un conector de alimentación de la fuente, y enchufa el SSD. Los SSD internos de 2,5 pulgadas usan el mismo conector SATA que un disco duro mecánico. Tampoco hace falta quitar el disco viejo: los dos conviven durante la clonación.
En un portátil la cosa cambia, porque muchos tienen una sola bahía. La solución habitual es un adaptador USB-SATA o una caja externa: el SSD va conectado por USB mientras se clona y, al terminar, se instala dentro en el lugar del disco viejo. Fíjate en el puerto USB que usas: si es USB 2.0, la copia se puede alargar bastante; con un puerto USB 3.0 o superior irá más rápido. El manual del ordenador indica qué puertos son USB 3.0 o superiores.
El software de clonación
Tienes dos caminos. El primero es la herramienta del fabricante: varias marcas ofrecen una utilidad de migración gratuita para sus unidades, que se descarga de su web y está pensada justo para esto. Es el caso de Samsung, con su herramienta de migración de datos, hoy integrada en Samsung Magician. Estas utilidades están pensadas para los discos de la propia marca, así que revisa en su web qué modelos admite.
El segundo camino son los programas genéricos de clonación, gratuitos o de pago, que aceptan discos de cualquier marca. Funcionan de forma parecida: eliges disco de origen, disco de destino y el programa copia las particiones y ajusta su tamaño al espacio del SSD. Uses el que uses, asegúrate de clonar el disco entero y no solo la unidad C:, porque si dejas fuera la partición de arranque, el SSD no iniciará el equipo.
El proceso, paso a paso
Con el SSD conectado y el programa instalado, esto es lo que harás:
- Abre la herramienta y selecciona el disco viejo como origen y el SSD como destino. Compruébalo dos veces: todo lo que haya en el destino se borra.
- Deja marcada la opción de ajustar las particiones automáticamente, para que el programa reparta el espacio del SSD.
- Si aparece una opción tipo "optimizar para SSD" o de alineación de particiones, actívala.
- Lanza la copia y evita usar el equipo para otra cosa mientras tanto, sobre todo nada que escriba mucho en el disco.
Algunos programas permiten clonar con Windows en marcha; otros reinician el equipo y hacen la copia antes de cargar el sistema. Sigue lo que indique el programa que uses.
Después de clonar: arrancar desde el SSD
En sobremesa, entra en la BIOS o UEFI (la tecla la indica el manual de la placa) y pon el SSD primero en el orden de arranque. En portátil con una sola bahía: apaga, quita la tapa inferior, extrae el disco viejo y pon el SSD en su sitio, con el mismo marco o adaptador que llevaba el anterior.
El primer arranque puede tardar algo más de lo normal, porque Windows detecta el hardware nuevo. A partir de ahí, comprueba que todo está donde debe: programas que abren, archivos en su carpeta, red funcionando. Windows detecta las unidades de estado sólido y, de forma predeterminada, les envía TRIM, la orden que avisa al disco de qué datos ya no hacen falta, y las optimiza con la herramienta de optimizar unidades, así que normalmente no tienes que configurarlo a mano.
Si el equipo no arranca desde el SSD
Revisa esto por orden:
- El orden de arranque sigue apuntando al disco viejo: entra en la BIOS y cámbialo.
- Faltó clonar la partición de arranque: repite la clonación eligiendo el disco completo, no solo la partición C:.
- El disco viejo arrancaba en modo UEFI y el SSD quedó preparado para el modo antiguo, o al revés: repite la clonación con el modo correcto.
- En portátil, un conector mal asentado: apaga y vuelve a montar con calma.
Si tu SSD es un M.2
El proceso de clonación es el mismo, pero la instalación cambia: los SSD en formato M.2 van pinchados directamente en una ranura de la placa, sin cables. Antes de comprar, mira en el manual de tu placa o portátil qué tipo de M.2 acepta, porque hay unidades que funcionan por SATA y otras por NVMe, y no siempre son intercambiables aunque el conector parezca el mismo. Si hay una ranura libre, puedes montar el M.2, clonar desde el disco viejo y quedarte los dos discos funcionando.
Qué hacer con el disco viejo
Conviene no formatearlo enseguida. Mientras compruebas que todo funciona con normalidad, ese disco es tu copia completa y puedes volver atrás sin perder nada. Cuando veas que todo va bien, puedes meterlo en una caja externa y usarlo para guardar copias o archivos grandes. Los discos mecánicos siguen siendo útiles para eso, como contamos en el artículo sobre discos duros y almacenamiento de datos.