Si has mirado alguna vez la ficha de un disco SSD del catálogo, habrás visto que junto a la velocidad y la capacidad aparecen dos datos que van de la mano: los años de garantía y una cifra seguida de las letras TBW. Los años se entienden solos. El TBW, en cambio, suele generar dudas: qué mide exactamente, si la cifra es mucha o poca y qué ocurre cuando se alcanza.
Por qué escribir desgasta un SSD
Un SSD guarda los datos en celdas de memoria flash NAND. Cada celda es, en el fondo, un compartimento diminuto que retiene electrones: según la carga que tenga, representa unos valores u otros. Escribir o borrar obliga a mover electrones a través de una capa aislante muy fina, y ese trasiego la va dañando poco a poco. Al principio el daño es insignificante, pero tras miles de ciclos de escritura y borrado el aislante se degrada lo suficiente como para que la celda tarde más en cargarse, retenga peor la carga o confunda unos niveles con otros. Ahí empiezan los errores.
De ahí se deducen dos cosas. La primera es que leer apenas desgasta, porque leer solo mide la carga sin moverla; lo que cuenta es escribir, y por eso la vida útil de un SSD se expresa en datos escritos y no en horas de uso ni en datos leídos. La segunda es que el desgaste es gradual y predecible, no una avería repentina. El fabricante conoce cuántos ciclos aguantan sus celdas y puede convertir esa cifra en terabytes.
Qué es exactamente el TBW
TBW son las siglas de "terabytes written", terabytes escritos: la cantidad total de datos que el fabricante garantiza que el disco puede escribir a lo largo de su vida sin que las celdas den problemas. Si un modelo de 500 GB declara 300 TBW, significa que admite 300 terabytes de escritura acumulada, da igual si los consumes en un año o en diez.
Para poner la cifra en contexto, piensa en un uso doméstico normal: sistema operativo, programas, fotos, algo de ocio. Un equipo así escribe de media entre 10 y 30 GB al día, porque la mayor parte del trabajo es leer. Con 20 GB diarios, alcanzar 300 TBW llevaría más de cuarenta años. Incluso con un ritmo exigente, digamos 100 GB diarios por edición de vídeo o máquinas virtuales, hablamos de unos ocho años. Para la mayoría de la gente el TBW no es un límite real, sino un colchón del que nunca llegará a enterarse.
Hay un matiz que conviene conocer: el TBW suele crecer con la capacidad del disco. Un modelo de 1 TB de la misma gama declarará más terabytes escritos que el de 250 GB, no porque sus celdas sean distintas, sino porque tiene más celdas entre las que repartir el trabajo. El controlador rota las escrituras para que ninguna celda se desgaste más que las demás, así que a más celdas disponibles, más terabytes totales antes de que el conjunto se resienta.
El tipo de memoria NAND marca la resistencia
No todas las celdas aguantan lo mismo. Según cuántos bits guarde cada una, hablamos de SLC (un bit), MLC (dos), TLC (tres) o QLC (cuatro). Cuantos más bits por celda, más niveles de carga hay que distinguir en el mismo espacio físico, y menor es el margen antes de confundir un nivel con el vecino. Una celda QLC maneja dieciséis niveles distintos; una SLC, solo dos. Por eso la resistencia cae al subir la densidad: los discos con memoria TLC, como los que presentaba Toshiba con sus unidades BG de tres bits por celda, soportan menos ciclos que los MLC, y los QLC menos que los TLC.
A cambio, la tecnología 3D NAND ha mejorado el panorama apilando las celdas en capas verticales en lugar de encogerlas en un plano. Al no tener que miniaturizar cada celda hasta el límite, el aislante sufre menos y la fiabilidad sube, que es justo lo que buscaba Western Digital con su apuesta por el almacenamiento 3D NAND. En la práctica, un TLC actual fabricado en 3D puede durar más que un MLC antiguo plano, así que las siglas por sí solas no cuentan toda la película: el dato que las resume es el TBW del modelo concreto.
La garantía: años o TBW, lo primero que llegue
Aquí está el punto que más se pasa por alto. La garantía de un SSD no son solo los años anunciados: es un doble límite. Cinco años o 300 TBW, por ejemplo, significa que la cobertura termina cuando se cumple la primera de las dos condiciones. Si a los tres años ya has escrito los 300 terabytes, la garantía se ha agotado aunque en el calendario queden dos. Funciona como la garantía de un coche expresada en años o kilómetros: el fabricante se cubre por los dos extremos, el tiempo y el uso.
En un uso doméstico esto casi nunca importa, porque es difícil acercarse al TBW antes de que pasen los años. El escenario cambia cuando el disco trabaja en escritura continua: un servidor, una estación de edición, un sistema de vigilancia que graba sin parar. Ahí el límite de terabytes puede llegar mucho antes que el de años, y es cuando el TBW deja de ser un dato secundario para convertirse en el que manda.
Qué pasa cuando se supera el TBW
Nada dramático, y conviene entender por qué. El disco no se apaga ni se bloquea al llegar a la cifra. El TBW es una estimación prudente del fabricante, no un interruptor. Por dentro, el controlador lleva toda la vida del disco retirando bloques problemáticos y sustituyéndolos por bloques de reserva que existen precisamente para eso. Superado el TBW, esa reserva puede ir agotándose y la capacidad útil menguar poco a poco, pero muchos discos siguen funcionando durante bastante tiempo. Lo que sí pierdes es el derecho a reclamar: a partir de ahí, cualquier fallo corre de tu cuenta.
También conviene saber que el desgaste real suele ser algo mayor que la cantidad de datos que crees haber escrito. La memoria NAND se escribe por páginas pequeñas pero se borra por bloques grandes, de modo que para reescribir un dato el controlador a veces tiene que mover y copiar información extra. Ese trabajo añadido se conoce como amplificación de escritura, y explica por qué funciones como TRIM, que avisa al disco de qué bloques ya no hacen falta, alargan su vida: cuanta menos copia innecesaria haga el controlador, menos ciclos gasta.
Cómo leer este dato en la ficha de un disco
El TBW aparece en las especificaciones, normalmente junto a los años de garantía, y a veces con el nombre de "endurance" o resistencia. Lo encontrarás igual en un SATA de 2,5 pulgadas que en un modelo M.2 de los que van conectados directamente a la placa, porque el concepto no depende del formato sino de la memoria y el controlador. Para comparar dos discos con sentido, fíjate en el TBW dentro de la misma capacidad: como hemos visto, las cifras de un modelo de 250 GB y de uno de 2 TB no juegan en la misma liga aunque sean de la misma familia.
Cómo comprobar el desgaste de un SSD en uso
No hace falta adivinar nada. Los SSD registran sus propios datos de salud mediante el sistema SMART, y ahí quedan apuntados los terabytes escritos hasta la fecha y el porcentaje de vida útil estimada que han consumido. Casi todas las marcas de SSD que trabajamos ofrecen una utilidad gratuita para consultarlo de forma gráfica, y existen además programas genéricos que leen esos mismos valores. Echarle un vistazo de vez en cuando, o antes de hacerte con un disco de segunda mano, te dice con exactitud cuánta vida le queda.