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SSD · Compatibilidad

Cómo saber qué SSD admite tu ordenador antes de comprarlo

Cómo saber qué SSD admite tu ordenador antes de comprarlo

Comprar un SSD empieza por una pregunta que no tiene que ver con la capacidad ni con la velocidad: la de si tu ordenador puede usarlo. Los discos de estado sólido no son piezas universales. Cambian la forma, el conector y hasta el idioma en que hablan con la placa, y un despiste en cualquiera de esos tres puntos puede acabar con un disco que no encaja o que el equipo ni siquiera detecta. Averiguarlo no suele llevar mucho si sabes dónde mirar.

Primero, el hueco: disco de 2,5 pulgadas o M.2

En ordenadores domésticos hay dos formatos que cubren casi todo lo que vas a encontrar. El primero es el clásico de 2,5 pulgadas: una caja plana que se conecta con un cable SATA de datos y otro de alimentación en los sobremesa, o directamente al conector del portátil. Es el formato de los discos duros de portátil de toda la vida, así que si tu equipo traía uno de fábrica, el cambio suele ser sacar uno y poner el otro. En la sección de SSD internos verás que buena parte del catálogo sigue usando este formato precisamente por esa compatibilidad con equipos de años atrás.

El segundo formato es el M.2: una placa estrecha, parecida a un módulo de memoria RAM, que se atornilla directamente sobre la placa base o sobre una ranura del portátil. No lleva cables, ocupa muy poco y por eso es habitual en portátiles finos y en muchos equipos recientes. Los modelos de SSD M.2 tienen una particularidad que conviene conocer: el número que acompaña al nombre, como 2280, indica sus medidas. Los dos primeros dígitos son el ancho en milímetros y los siguientes el largo. Un 2280 mide 22 por 80 milímetros, que es la medida más extendida, pero existen 2242 o 2260 más cortos y 22110 más largos, y la ranura de tu equipo tiene el tornillo colocado para una longitud concreta. Si la ranura solo admite 80 milímetros y compras un 22110, no podrás fijarlo.

Que encaje no basta: SATA y NVMe no son lo mismo

Aquí está el error más frecuente. El conector M.2 puede transportar dos señales distintas: SATA, la misma de los discos de 2,5 pulgadas, o PCIe con protocolo NVMe, que es bastante más rápida. Físicamente la ranura puede parecer idéntica, pero hay placas que solo entienden una de las dos señales. Si tu ranura M.2 solo acepta NVMe y le instalas un M.2 SATA, el disco no aparecerá aunque encaje. Y al revés igual: un NVMe en una ranura que solo trabaja con SATA tampoco funcionará.

Los propios discos llevan una pista física: las muescas del conector. Un M.2 SATA suele tener dos muescas (lo que se llama llave B+M) y un NVMe suele llevar una sola (llave M). La muesca evita algunos errores, pero no todos, porque un disco B+M entra en ranuras de ambos tipos y aun así puede no funcionar si la señal no es la correcta. Por eso la muesca orienta, pero no sustituye a comprobar las especificaciones.

En los discos de 2,5 pulgadas para uso doméstico la conexión es SATA. La versión actual del estándar funciona a 6 Gb/s, unos 600 megabytes por segundo teóricos, y un SATA como el Samsung 870 EVO anuncia lecturas de hasta 560 MB/s. Un NVMe mueve los datos por líneas PCIe de la placa, el mismo tipo de conexión que usa la tarjeta gráfica, y por eso puede superar con mucho esa cifra. Pero esa velocidad solo existe si tu ranura la admite: en una bahía SATA no hay forma de aprovecharla. Por eso este punto decide más que cualquier cifra del anuncio.

Sobre las generaciones PCIe (3.0, 4.0, 5.0), el estándar mantiene la compatibilidad entre ellas: un disco PCIe 4.0 funciona en una ranura 3.0, solo que a la velocidad de la ranura, y al revés. Cada generación dobla la velocidad por línea de la anterior: 8 GT/s en PCIe 3.0, 16 GT/s en PCIe 4.0 y 32 GT/s en PCIe 5.0. El disco y la ranura se ponen de acuerdo al arrancar y trabajan a la mayor que tengan en común.

Cómo averiguarlo sin destornillar nada

El camino más corto es el número de modelo. En un portátil suele venir en una pegatina en la base; en un sobremesa montado por piezas, lo que necesitas es el modelo de la placa base. Con ese dato, la página de especificaciones del fabricante te dice qué ranuras tiene y qué admite cada una: "M.2 compatible con SATA y NVMe", "solo PCIe", "bahía de 2,5 pulgadas". Esa frase vale más que cualquier suposición.

Si no encuentras la pegatina, Windows te lo cuenta. Escribe msinfo32 en el buscador del menú inicio y verás el modelo del equipo y, en muchos casos, el de la placa. Otra opción es una utilidad gratuita como CrystalDiskInfo, que muestra el disco que ya tienes instalado y la interfaz por la que se comunica: si pone SATA, ya sabes qué tipo de conexión está usando; si pone NVMe o PCIe, también. Saber qué usa tu disco actual no garantiza que no haya otra ranura libre distinta, pero te da un punto de partida.

Hay un caso especialmente sencillo: si tu portátil todavía funciona con un disco duro mecánico de 2,5 pulgadas, lo normal es que ocupe una bahía con conexión SATA, y un SSD de ese formato y grosor será un recambio directo. Si quieres entender mejor qué diferencia hay entre lo que tienes y lo que vas a poner, en la página de discos duros y almacenamiento de datos está explicado con calma.

Si abres el equipo, esto es lo que tienes que mirar

En un sobremesa, quita el panel lateral y busca tres cosas. Primero, si la placa tiene una ranura M.2: una hendidura pequeña horizontal, a veces cubierta por un disipador metálico, con un tornillo o una pestaña al lado. Segundo, si quedan puertos SATA libres, que son los conectores pequeños en forma de L. Y tercero, si hay hueco en la caja: muchas torres traen bahías de 3,5 pulgadas pensadas para discos duros grandes, y montar ahí un SSD de 2,5 exige un adaptador que no siempre viene incluido.

En un portátil, retira la tapa inferior con cuidado y comprueba si hay una ranura M.2 libre además del disco actual, o si solo existe un hueco y toca sustituir. En algunos ultrafinos el almacenamiento va soldado y no hay nada que cambiar, así que conviene mirarlo antes de comprar. Aprovecha también para ver la posición del tornillo de la ranura M.2 y confirmar la longitud que admite.

Dos detalles finales que suelen pasarse por alto

El arranque desde NVMe. Si tu placa es antigua, revisa en el manual o en la web del fabricante si menciona arranque NVMe o una actualización de BIOS que lo añada.

El grosor, si montas un 2,5 pulgadas en un portátil: el grosor cambia de un modelo a otro (el Samsung 870 EVO, por ejemplo, mide 6,8 milímetros) y no todos entran en huecos ajustados. Antes de elegir un disco del catálogo de SSD, ten apuntados el formato, la interfaz y el grosor que admite tu equipo, y compáralos con la ficha del fabricante del disco.

Con eso claro ya puedes comparar modelos con más tranquilidad. Si te manejas mejor por fabricantes, en la página de marcas de SSD puedes ir directo a la que te interese y filtrar desde ahí.

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